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28/01/2010

Congreso Internacional de Ética y Derecho

Las rutinas y su dimensión ética

Por Francisca Greene

En noviembre se efectuó en Valencia el 7° Congreso Internacional de Ética y Derecho de la Información. La directora de Cimas y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes, Francisca Greene, expuso sobre las rutinas y su dimensión ética.  A continuación exponemos un extracto de su comunicación.

La conducta profesional de los periodistas depende de factores propios de la profesión y ajenos a ella. Por tanto ningún código abarca todo el comportamiento ético del profesional. Siempre habrá algo imprevisto -o que no pueda resolverse mecánicamente a través de rutinas- o algo formulado generalmente que deje desierta amplias zonas de situaciones, circunstancias y disposiciones morales.  Las decisiones que tome el periodista tienen directa relación con la aplicación correcta de las rutinas.

Podría pensarse que la actuación ética de un reportero se contradice con lo que se considera como rutinas, las que impedirían elegir porque condicionan a un obrar.  Las  rutinas son procedimientos mecánicos que influyen el contenido del mensaje.  Y los periodistas trabajan inevitablemente con estas rutinas.  El periodista debería poder compaginar la utilización de las rutinas con la deliberación antes de tomar las decisiones.  El dilema no se resuelve pensando que no hay que utilizar las rutinas porque éstas son necesarias.  La cuestión es cómo hacer que detrás de cada comportamiento rutinario haya una decisión ponderada tomada en conciencia. Porque la ética opera en la toma de decisión.

Dilemas éticos actuales y replanteamiento de las rutinas periodísticas:

El escenario de los medios cambia vertiginosamente, lo que obliga  a replantearse la vigencia de las rutinas clásicas del Periodismo.  Al mismo tiempo que evolucionan las rutinas, los periodistas se ven obligados a tomar decisiones éticas de mayor complejidad.

En primer lugar, podemos identificar nuevos dilemas en las interrelaciones entre sociedad y cultura: libre expresión de las ideas, libertad de imprenta, libertad de circulación de correspondencia, derecho y acceso a la información, transparencia informativa, responsabilidad social de los medios, asesinatos, amenazas, intimidación de periodistas, denuncia de funcionarios e instituciones, difamación, revelación de fuentes y secreto periodístico, pornografía, manejo del lenguaje, invasión de la intimidad, frivolidad informativa, la propiedad intelectual, crítica destructiva, mensaje degradante, desinformación, trivialidad y falsedad.

A todo esto se suma el tema del alcance de la web versus los medios tradicionales: medios interactivos, hipermedios, múltiples canales, múltiples plataformas, fragmentación de audiencias, canales temáticos, servicios con valor añadido, hibridación de géneros, hipernarrativas multimedia, integración de medios, integración publicitaria, los nuevos públicos.

Para configurar nuevas rutinas periodísticas también hay que tener en cuenta los nuevos públicos: los medios juegan un rol fundamental en la vida de los jóvenes, hay mayor compromiso, profundidad y pasión con los nuevos medios, sus principales canales de comunicación son la música, Internet y los dispositivos móviles, filtran publicidad aceptando lo relevante, entretenido y significativo; “no pueden vivir” sin los nuevos dispositivos. Se trata de una generación mediatizada, en línea y medianamente tolerante a los contenidos publicitarios.


Uno de los principales problemas éticos del periodista hoy es tener que reemplazar su función de servidor público con el de vendedor de un producto llamado noticia. La antigua patología llamada sensacionalismo, hoy encuentra mayor factibilidad y posibilidades a través de las nuevas tecnologías de la información. 
Necesariamente los periodistas deberán replantearse las rutinas y exigirse en un comportamiento ético adecuado a los cambios
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¿Qué son las nuevas tecnologías de la información? Los métodos, equipamientos y sistemas que posibilitan el intercambio de cualquier tipo de información en cualquier tipo de aplicación o campo, como las imágenes en infra-rojo, las cámaras minúsculas, o la cantidad y velocidad de información que ofrece Internet. Las nuevas tecnologías crecen y se desarrollan
vertiginosamente ante nuestro asombro y admiración. Pero junto con admirarlas, debemos reconocer que la tarea de buscar y difundir la verdad de los hechos relevantes de la sociedad, se ha complicado.

En efecto, la microelectrónica, la computación y las telecomunicaciones han revolucionado la manera de buscar, procesar, elaborar y difundir la información. Los medios han debido cambiar su equipamiento y sistemas para adaptarse a esta nueva forma de intercambiar información. Han tenido que levantar redes de telecomunicaciones que permitan a los periodistas y reporteros gráficos trabajar conectados a la redacción central desde lejanos puntos geográficos o desde un avión o un tren; y acceder a consultar una poderosa fuente de información como es Internet, para la transmisión de esa información a través de chips y de imágenes digitales por el ciberespacio.
Han debido también soportar la competencia del ciberperiodismo, que los golpea a diario. Hoy la mayoría de los medios posee diarios digitales, única manera de competir en velocidad en la entrega noticiosa.

El crecimiento más rápido y más impactante es el de Internet, que no sólo almacena y transmite datos, textos e imágenes en grandes cantidades y a velocidades inimaginables hasta hace poco, sino también sonidos. Según la revista virtual "Infonomía", sólo un 0,003 % del total de la información que se produce anualmente en el mundo se hace sobre papel. El resto es digital. Más aún, la mayor parte de la información nace en formato digital y permanece así.

Justamente aquí, donde no existen marcos legales obligatorios que sancionen las faltas es donde más debe operar la ética.
El ciberperiodismo tiene sin dudas ventajas insoslayables, como son la cantidad y la variedad inconmensurables de información que el computador puede almacenar y ofrecer. Pero unidas a ellas está la incierta fidedignidad de las fuentes, dado que cualquier persona puede publicar verdad o mentira en la red. Sin contar con que la velocidad del flujo de la información y aquélla con que los diarios electrónicos compiten entre ellos y con los tradicionales, acorta el tiempo necesario para la debida verificación de las noticias.

Otra novedad que se presenta es que no hace falta ser periodista para publicar informaciones o artículos en Internet.
Las rutinas descritas anteriormente entran en crisis con la progresiva implantación de la Sociedad de la Información. Los medios de comunicación tradicionales dejan de ser el  único medio de comunicación entre los organismos públicos, las organizaciones privadas y los ciudadanos. Los periodistas dejan de ser los únicos individuos con posibilidad de informar.

El periodismo convencional se encuentra con limitaciones de tiempo y espacio. El periodismo electrónico no asegura más tiempo al periodista para elaborar su información, pero sí le permite disponer de todo el espacio que desee para documentar una noticia, así como de un factor temporal más flexible para añadir  más contenidos.

Se generan nuevos escenarios que en el periodismo tradicional no eran concebibles:
Por ejemplo, antes se suponía que el periodista no debía mezclar información y opinión. La legislación deja claro que la libertad de expresión y la libertad de información no deben confundirse. Los libros de estilo de todo medio también marcan una clara distinción entre información y opinión. En la práctica, hoy esta división no está tan clara, lo que ha generado un gran debate.
Para Quim Gil, este principio adquiere una gran relevancia desde el punto de vista clásico de los medios de comunicación. Los periodistas representan "el cauce de información" hacia la ciudadanía. “Si mezclan información objetiva con información subjetiva están condicionando la veracidad de la información y, por tanto, están limitando la libertad de los ciudadanos” (1).

En un marco de abundancia de información la función del periodista digital casi se desplaza al extremo opuesto. La opinión del periodista pasa de ser un elemento secundario, a constituir el factor principal, el motivo por el cual un periodista tiene los lectores (o interactores) que tiene.
Otra premisa tradicional era que el periodista no debe mezclar información y publicidad. Siempre se ha considerado información y publicidad como elementos diferentes, los profesionales de los medios de comunicación tradicionales los perciben casi como antagónicos, las caras opuestas de una misma moneda. Concretamente, de la moneda que hace rentable el negocio de la comunicación de masas.

La frontera entre información y publicidad también se viene discutiendo desde hace décadas. En Internet esta distinción se complica aún más ya que vive sólo de la publicidad. Cumplir a rajatabla estos principios no sólo tiene unos costos morales, sino también unos costos económicos evidentes. Crear contenidos bajo estos parámetros implica una mayor dedicación de tiempo y de dinero, por lo que asumir este código puede convertirse no sólo en una cuestión de ética periodística, sino también de profesionalidad y aplicación consciente y correcta de las rutinas.

Mecanización y baja calidad

      Las nuevas rutinas que exige la era digital y los dilemas éticos que se presentan hacen necesario ahondar en uno de los problemas que puede presentar la aplicación de las rutinas cuando no se tiene en cuenta la responsabilidad ética del periodista para tomar sus decisiones.
Las rutinas no son, de suyo, perjudiciales; pero necesitan ser cuidadosamente controladas por el medio y sus trabajadores para que lleven a cabo la labor para la cual fueron pensadas.
       La mecanización se produce cuando se absolutiza el componente mecánico presente en todo comportamiento rutinario y pasa a segundo plano el objetivo que inicialmente se perseguía con él.

Se trata de un abuso que consiste en abandonar la producción informativa a la acción automática de las rutinas, lo que hace que el trabajo periodístico pierda su componente intelectual y ético y degenere en una actividad casi mecánica.  “Se considera que el trabajo de elaborar noticias no es ocupación para un obrero, sin embargo, (cuando se abusa de los procedimientos según los cuales se produce la información) la producción de noticiarios es, en muchos casos, organizada como la producción fabril” (2).

En el fondo, el problema es asignar a las rutinas un papel que no les corresponde.  Éstas son un apoyo para la producción noticiosa, una parte de ésta que, para funcionar correctamente, requiere de un fuerte control ejercido por el trabajo intelectual de los profesionales de la comunicación.

(1) GIL, Quim, Diseñando el periodista digital (II), en URL www.saladeprensa.org, 9 de agosto de 2009.

(2) SHOEMAKER, Pamela y REESE, Stephen, op. cit., p. 105.

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