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14/10/2007
M. Angélica Mir B . Periodista, Licenciada en Comunicación Social Pontificia Universidad Católica de Chile.
Licenciada en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Investigadora CIMAS
Una Apuesta Arriesgada
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La Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes presenta por segundo año consecutivo su índice de calidad del prime time de la televisión abierta chilena. Y la conclusión central indica que no ha habido mayor evolución en términos de calidad en los contenidos audiovisuales de los canales masivos. Tal como el año pasado, la calidad de la televisión abierta, en términos generales, cae en el rango “regular”, pero muestra una cierta tendencia a la baja. |
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Si en el 2006, se empinó a un 43,26 por ciento de calidad, este año obtuvo un 40 por ciento.
Este índice construido sobre la base de tres pilares -la opinión del público (encuesta), la conducta del público (rating) y un análisis de contenido de los programas en cuestión- aporta datos sobre lo que sucede hoy con nuestra televisión.
En esta ocasión, interesa analizar el género televisivo que mostró una de las mayores variaciones. Los programas de ficción y los realities –que en este índice se presentan unidos- muestran una fuerte disminución de calidad respecto del 2006: un 47,6 frente a un 52,1. Esto podría atribuirse en parte a la ausencia de valores y a la presencia de disvalores en los distintos formatos transmitidos por los canales masivos.
En la fecha del análisis – 14 al 27 de mayo de 2007- estaban en el aire los siguientes programas nacionales del género mencionado: las teleseries Corazón de Maria, Vivir con 10, Papi Ricky y Alguien te Mira; los docurrealities Pecados Capitales, Mujeres que Matan, Mujer Rompe el Silencio, Infieles, El Día Menos Pensado, Quién cambia a Quién; las series Huaiquimán y Tolosa, la comedia de situación Casado con Hijos y Teatro en Chilevisión. En estos productos audiovisuales, la ausencia de valores y la presencia de disvalores generan una caída en la calidad.
Al observar los distintos aspectos evaluados en el análisis de contenido de estos programas, se puede concluir, en términos generales, que el nivel de producción es muy bueno. De hecho, la tensión dramática, el ritmo, el foco, la diversidad y la identificación muestran un buen nivel. Sin embargo, en el aspecto que presentan mayores falencias es precisamente en el aporte en valores o en la fuerte presencia de disvalores, lo que se detalla en los siguientes gráficos:


En estas imágenes se puede observar qué sucede en términos de valores y disvalores en los programas de ficción y realities de las distintas redes televisivas. Chilevisión y Televisión Nacional se presentan con la mayor frecuencia de valores. El Canal 13 muestra mayor diversidad en los mismos. En los programas analizados de Mega prácticamente no se muestran valores.
Junto con esto, es muy notable que en TVN y CHV los valores preponderantes coincidan. Se trata de la sinceridad y el amor. Sin embargo, esto encuentra su contrapartida en el hecho que en ambos canales aparezca la mentira y la infidelidad –otra forma de mentira- como los disvalores con mayor presencia. Las escenas violentas tienen una frecuencia similar en los cuatro canales.
Los canales con una alta frecuencia de valores son los mismos que presentan más disvalores. Comparativamente, Televisión Nacional y Chilevisión muestran una fuerte presencia de ellos. Esta tensión entre valores y disvalores parece ser apreciada por el público que califica a estos dos canales como los que muestran mayor diversidad de opiniones y de realidades. Por otro lado, la contraposición de valores y disvalores facilita la generación de tensión dramática. Canal 13 y Mega, en cambio, aparecen más bien absteniéndose. No tienen fuerte presencia de disvalores, pero tampoco de valores. ¿Hay un mensaje menos nítido, una línea editorial menos explícita en la ficción de estas redes televisivas?
En todo caso, aún cuando la presencia de disvalores en los programas parece rendir sus frutos en términos de rating y de imagen de pluralismo y diversidad cabe preguntarse si a largo plazo, una parrilla programática homogénea, centrada en estos aspectos negativos no puede generar cansancio en un público que aprecia la diversidad, pero que busca sobre todo la entretención, como queda de manifiesto en la encuesta. En el corto plazo una alta frecuencia de disvalores en la parrilla programática puede ser una fórmula eficaz, pero con un público que busca la compañía, el pasar un buen rato, puede ser una apuesta arriesgada en el tiempo.
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